Erase una vez un chico que arriesgó su amistad por, lo que él creía que era un amor puro y verdadero. Se dijo a sí mismo que prefería arriesgar, que si ella lo quería de verdad lo aceptaría tal y como era, y si no su amistad seguiría estando presente en sus vidas, ya que creía que ella era el centro de su universo y ella le correspondería. Pero todo esto eran simplemente ideas en su cabeza, lo que él creía que era cierto, pero a la hora de la verdad las cosas se tornaron. Ella lo rechazó y dijo que seguirían siendo amigos, cosa que nunca ocurrió ya que ella le dejo de hablar, y él descubrió tres cosas: La primera era que ella no lo quería; la segunda que lo que había entre ellos no era ni amistad ni nada, ya que si ella le había dejado de hablar solamente por una simple declaración, no era nada, y no se merecía su amistad; y la tercera, y más importante, se dio cuenta que no la quería, que simplemente era un capricho pasajero, se había dejado llevar por la situación y por la atracción física que había entre ellos y vio sentimientos donde no los había. Poco a poco ella le volvió a empezar a hablar, a saludar, pero nunca llegará a ser lo que era antes.
