Llevamos años juntos, compartiendo risas, secretos, preocupaciones,…, en fin, éramos grandes amigos. Pero fue en ese preciso instante cuando lo vi todo y me di cuenta de lo que verdaderamente escondían aquellos ojos que me miraban.
Vi miedo a crecer, cambiar, pasar las fronteras y ser libre. Vi que había cambiado algo dentro de él, una chispa que lo hacía más maduro, más sensual, más misterioso. Vi a chico reprimido, que quería deshacerse de ataduras, pero también temor a hacerlo. Vi a un chico especial, diferente al resto, no a un chico raro, sino simplemente diferente.
Pero lo que más me asombró fue el cómo me miraron esos ojos. Dentro de ellos vi un atisbo de miedo, pasión, euforia, deseo,…, un sinfín de emisiones que iban dedicadas, única y exclusivamente, a mí. En ese instante esos ojos me dijeron que me querían y que él me quería coger ahí mismo, delante de todo el mundo, y besarme. Pero él no lo hizo y volvieron a ser los mismos ojos que siempre habían sido.
Y por ahora, no he vuelto a ver lo que aquellos ojos me mostraron.